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sábado, 26 de marzo de 2016

El origen egipcio del ojo de las jábegas malagueñas






Dios egipcio Horus
Nos cuenta la mitología heliopolitana (Heliópolis) que Geb (la tierra de Egipto) y su esposa y hermana Nut (el cielo), dan vida a dos varones, Osiris y Seth  y a dos mujeres, Isis y Neftis . Osiris se casa con Isis, y Seth con Neftis

La leyenda da cuenta de los innumerables enfrentamientos entre Osiris y su hermano Seth. Gracias a un engaño, Seth logra asesinar a Osiris, lo descuartiza y oculta sus restos para evitar que encuentren su cuerpo, desperdigándolos por todo Egipto. Su mujer, Isis, enterada de lo sucedido, busca cada pedazo por todo Egipto. Finalmente, Isis logra recuperar todos los restos de su difunto marido Osiris, y utilizando sus poderes divinos lo resucita.  Y este, partir de entonces se encargaría de gobernar en el país de los muertos, la Duat.

También Isis pudo concebir un hijo del resucitado Osiris: a Horus. Al poco tiempo de nacer, Horus, hijo de Osiris, fue escondido por su madre Isis y lo dejó al cuidado de Tot , dios de la sabiduría, que lo instruyó y crió hasta convertirse en un excepcional guerrero. Al llegar a la mayoría de edad, ayudado por los Shemmsu Hor  luchó contra Seth  para recuperar el trono de su padre, asesinado por aquél.

En el transcurso de estas luchas los contendientes sufrieron múltiples heridas y algunas pérdidas vitales, como la mutilación del ojo izquierdo de Horus. Pero, gracias a la intervención de Tot, el ojo de Horus fue sustituido por el Udyat, para que el dios pudiera recuperar la vista. Este ojo era especial y tenía cualidades mágicas.

El Ojo de Horus, o Udyat, se utilizó por primera vez como amuleto mágico cuando Horus lo empleó para devolver la vida a Osiris. Gozó de gran popularidad en el Antiguo Egipto, siendo considerado un amuleto de los más poderosos: potenciaba la vista, protegía y remediaba las enfermedades oculares, contrarrestaba los efectos del "mal de ojo" y, además, protegía a los difuntos.

 Como talismán simboliza la salud, la prosperidad, la indestructibilidad del cuerpo y la capacidad de renacer. Incluso en la actualidad se sigue utilizando como amuleto por personas que practican diversas religiones en todo el mundo.
 
El ojo sagrado era así mismo motivo de decoración en la punta de los barcos funerarios con el objetivo de que los ojos hicieran de guía del cuerpo hasta las dependencias de Osiris, dios de los difuntos.

Los fenicios (1200 a. C. - 539 a. C.), en contacto con el Egipto faraónico, empezaron a adornar sus naves con dos ojos pintados en la proa,  se sabe que rápidamente extendieron esta costumbre por todas las civilizaciones del Mediterráneo, incluida España, y ha llegado hasta nuestros días. Existe un tipo de embarcación pesquera de origen fenicio conocida como jábega que se usa actualmente en regatas deportivas en el litoral de Málaga y una de sus características es la presencia de unos ojos en la proa.