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sábado, 23 de febrero de 2013

NOCTILUCA

Os presento a otro nuevo colaborador, Manuel Martínez hijo, biólogo. Nos trae un artículo donde se entrelazan tradición, historia, ciencia y  momentos mágicos. El momento donde el sol se retira de sus dominios y deja paso a la noche , la luna y su diosa malagueña, nos adentramos en el reino de Malac,... Noctiluca.


"Allá por el siglo VII antes de Cristo, Málaga estaba habitada por el pueblo fenicio, un pueblo cuyas  actividades  principales eran el comercio y la navegación. Málaga ha sido una ciudad en la que sus pobladores se han dedicado principalmente a la pesca durante miles de años y  cada uno de estos pueblos ha tenido una deidad a la que encomendarse, rezar y venerar.

Tal y como  hacen ahora los pescadores y navegantes malagueños a  la Virgen del Carmen, lo hacían los fenicios a su diosa de la fertilidad, de la vida y de la muerte,  la diosa Malac, también llamada Noctiluca. Noctiluca es una divinidad asociada a la noche y a la luna. Espiritualmente unida a Eshmun, un dios asociado al fuego y a la metalurgia, de ahí que se haya encontrado monedas fenicias con las esfinges de estas deidades con unas tenazas metalúrgicas y un gorro puntiagudo, representándolos a ambos.


Festo Avieno, poeta latino del siglo IV, sitúa frente a la línea de costa malacitana, lo que hoy en día es la Cala del Moral,  una isla en la cual se hallaba un templo destinado al culto de la diosa fenicia. En la actualidad ese promontorio terrestre esta fusionado ya al resto de la ciudad, debido a la dinámica geológica de la zona, pudiendo encontrar dicho santuario en una de las tres únicas cuevas submarinas que se conocen en el mundo, la única de Europa y  que, afortunadamente, se encuentra en nuestra ciudad, la cueva del Tesoro (en el Rincón de la Victoria).





Una Noche de San Juan, hace algunos años,  en mitad del fragor de los muchos baños que me tomé, me percaté que cuando braceaba para nadar, a lo largo de la estela de burbujas que dejaba, durante una fracción de segundo se encendían unas diminutas luces, más pequeñas que la cabeza de un alfiler y de color verde fluorescente. De repente  los inconscientes que nos atrevimos a bañarnos a media noche, nos vimos rodeados de miles de lucecillas, un hecho inusual para mí  y que me pareció algo  maravilloso y digno de ver, aunque no sabía a que era debido. Algún tiempo más tarde y tras cultivar un poco las ciencias naturales, he logrado averiguar lo que eran aquellas motas luminiscentes con las que compartí frio y risas aquella noche.
A las costas malagueñas, en ocasiones, sobre todo en verano, suele llegar un pequeño visitante, que pasaría totalmente inadvertido por nuestras aguas, de no ser porque son como pequeñas luciérnagas esparcidas en el agua, allí donde  la marea mueve el mar pueden verse miles de pequeños destellos  provenientes de la pequeña Noctiluca.
 Noctiluca Scintillans,  comúnmente conocida como Chispa de mar, es un organismo perteneciente al reino protista, reino creado como un  cajón de sastre donde se incluyen a los organismos que han sido tratados como algas, protozoos o bacterias, y no lo son. Este escalón taxonómico fue creado por L. Margulis (la mujer del científico Carl Sagan) y K. Schwartz a fin de solventar estos problemas. Este pequeño organismo posee un flagelo con el que se desplaza, y pequeños acúmulos de pigmentos fotosintéticos en su interior, de ahí que lo estudien los botánicos  y que haya sido clasificado por estos. El origen de la bioluminiscencia es un tipo de compuesto metabólico llamado luciferina, la cual da lugar a la luz cuando se descompone enzimáticamente en contacto con el oxígeno. Se piensa que son las fuerzas mecánicas las que hacen que se produzca la reacción y por ello se aprecian las masas brillantes de Noctiluca con el vaivén de las olas. La bioquímica que subyace en este proceso es todavía un poco incierta y el motivo biológico de esta bioluminiscencia puede tener origen comunicativo o defensivo, ya que suelen ser los motivos más  recurrentes en la naturaleza.
Es fácil imaginar la cara de asombro que pondría un ciudadano fenicio, hace más de dos mil años, al ver semejante fenómeno. Sería parecida a la que puse yo. Supongo que tal y como viene haciendo el humano desde que tenemos consciencia, a los hechos que no damos explicación racional, le imponemos una interpretación celestial y así aplacamos la angustia que surge de nuestra ingénita ignorancia. Los antiguos fenicios creían que esas partículas centelleantes eran el reflejo de algún artificio de Noctiluca, Diosa de la Luna o de la Luz Nocturna, divinidad innominada a la que rendían culto en las noches de luna llena."
Manuel Martínez Osorio