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domingo, 2 de octubre de 2011

LOLITA - Vladimir Nabokov

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Lolita de Nabokov? Todo un clásico de la literatura del siglo XX que tuvo en su día más detractores que seguidores, tanto que el mismo autor declaró que, por consejo de un amigo temeroso, el libro en un principio apareció en forma anónima, aunque muy poco después decidió firmarlo. Una vez terminada la novela ofreció el original a varios editores norteamericanos, que a su vez consultaron a sus lectores: se alarmaron hasta un punto inimaginable. La calificaron de pornográfica y anti norteamericana, y por supuesto no la editaron. Al final la publicaron en París y fue prohibida en Francia e Inglaterra.
 Sin embargo en nuestros días está considerada como la novela más completa y fascinante de este autor, en la que se narra la historia de un hombre maduro que desea con locura a la «ninfa» Lolita, de doce años. Para estar junto a ella no duda en casarse con su madre,  que muere en un accidente dos meses después del matrimonio. Entonces como padre e hija inician un viaje a través de los EEUU de motel en motel, ocultando la realidad.
A mí personalmente me ha creado sentimientos discrepantes, porque empecé la lectura juzgando al autor por lo escrito y no por el modo de hacerlo. No podía dejar de identificarlo con Humbert, su personaje ficticio, viéndolo como a un perturbado mental afectado por la pederastia. Cuando lo he terminado me identifico con aquello que clasifican esta novela como una gran novela de amor. Un amor irreal, inventado por Humbert que idolatra de tal manera a Lolita, que la ve y la siente como la niña que realmente no es. Un amor que no es reciproco, tiene una sola dirección, desde su corazón a la niña inventada, que no vuelve desde adolescente caprichosa e indolente hacia él.
Está desde la primera a la última página cargada de descripciones y metáforas preciosas, que te llevan a perdonar, que no a excusar, su pecado. Con un comienzo excepcional donde los haya:
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.”   




   
                                                         Vladimir Nabokov     


Artículo enviado por Mª Paz Osorio