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martes, 6 de diciembre de 2011

LA MAROMA, PARTE 2

En esta ocasión voy a ser bastante subjetivo. No sé si será por el cansancio, entre otros motivos, que cuando llego a la cima de cualquier montaña, me gusta, sí, pero la verdad es que pienso que me parecen muy similares todas las cimas y entonces dudo si ha merecido la pena tanto esfuerzo. Parajes yermos, con su punto geodésico más o menos elaborado y mucho frio. Y como no sea algo muy conocido, soy incapaz de identificar el entorno, quedando perplejo de  como mis compañeros y amigos reconocen a la perfección pueblos y montañas.
Tardamos varias horas en la subida, quedándonos en la cima lo imprescindible, si hace buen tiempo se almuerza, si no, las fotos de rigor para el recuerdo y poder corroborar delante de amigos y extraños nuestra proeza, y enseguida  para abajo, tampoco vaya ser que se nos haga de noche por el camino. Será por el reto personal lo que nos obliga a llegar.
Ya hace algún tiempo que prefiero lo que rodea a la montaña que a esta misma. Me gustan más los bosques, ríos, lagos y valles, aunque llegar a ellos no sea tan dificultoso. En estos lugares, la vida bulle en cualquier lugar. Si nos detuviéramos más a observar  el camino en vez de pasarlo a toda prisa para cuadrar el horario, descubriríamos montones de detalles que nos sorprenderán tanto o más, como poder ver entre la neblina, la lejana costa africana o la silueta del Peñón de Gibraltar. Esto último para mí, carece de interés.
En casa, cuando ojeas las fotos que has hecho arriba en la cumbre, los paisajes ya no te transmiten las mismas sensaciones, eso sí, en el momento impresionan, después en la pantalla del ordenador ya es diferente, en cambio cuando ves las fotos de las pequeñas cosas  del recorrido, casi siempre te llevas alguna sorpresa, porque has captado con la cámara lo que a simple vista no se observaba.
 Os dejo una selección de fotografías de nuestra última visita a La Maroma, pero de su parte baja.