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martes, 24 de noviembre de 2015

Somos lo que comemos.



Somos lo que comemos.

Los buitres a lo largo del tiempo, han sido asociados a malos augurios, puesto que su negocio es la muerte. Que le van a hacer, es su nicho ecológico.

 Se suelen denominar carroñeros, ya que la carne de la que se alimentan está en claro proceso de descomposición y se denomina carroña. Aunque es un proceso bastante llamativo, no vemos ni un tercio de lo que realmente está ocurriendo. Una vez sobrevenida la muerte, el organismo del animal deja de tener control sobre el resto de seres vivos que habitan en él y empieza una guerra por ver quien se lleva una mayor parte del pastel.
 
 Durante la degradación, las células muertas se rompen y  liberan toda clase de sustancias -incluidas enzimas- que crean un ambiente ideal para bacterias y los hongos. Las bacterias producen una gran variedad de derivados químicos, por ejemplo, liberan al medio la putrescina y la cadaverina, que son responsables del olor desagradable. Los rasgos del animal se volverán irreconocibles y el cuerpo comenzará a oler a carne podrida. Después de varios días se  comienzan a acumular las bacterias y, como el cuerpo ya no las puede combatir, éstas comienzan a disolver los tejidos.
 
 La metodología que siguen estas aves para acceder al interior del animal fallecido, a veces es ciertamente "escatológica", pues aprovechan las aberturas naturales como el ano, ahorrando energía y esfuerzo en desgarrar carne y romper huesos. Esto los expone claramente a patógenos potencialmente peligrosos, que a ellos no llegan a afectarles. ¿Qué hace que estas aves sobrevivan a semejante banquete?

 En primer lugar, los buitres poseen una cabeza carente de plumaje que es tomada como una adaptación a la alimentación, pues de este modo pueden comer introduciendo la cabeza en las cavidades sin acabar cubiertos de carne putrefacta y sangre. Por otro lado este tipo de aves suele impregnar sus patas de orina y excrementos, lo que les sirve de amortiguador de temperatura y, además, el amoniaco de la orina actúa frente a las bacterias con las que entra en contacto.

 La acidez del tracto digestivo del buitre es más alta que  la de los mamíferos, esto propicia una gran selección bacteriana, quedando muy mermada la biodiversidad de los microorganismos, ya que tan solo unos pocos sobreviven a tales condiciones ambientales.

  Recientemente, un estudio, ha realizado análisis genómicos de muestras tomadas desde la cara hasta el sistema digestivo (aproximadamente hasta el tercio final del colón transverso), y de todos los organismos encontrados, los géneros microbianos Clostridium y Fusobacterium, son los predominantes en la microbiota del buitre. Estos se pueden encontrar en el suelo o formando parte de la flora intestinal de muchos animales (entre ellos nosotros), aunque a estos géneros pertenecen  especies patógenas reconocidas. Alguna de las especies que conforman el género Clostridium han sido catalogadas como "muy peligrosas" para los mamíferos. Sin ir más lejos Clostridium botulinum es productora de la toxina botulínica, para que os hagáis una idea, 0,00000007 gramos de esta toxina es capaz de matar a una persona. Fusobacterium es parte de la flora normal de la orofaringe,  de las vías gastrointestinales y de las vías genitales, pero pueden provocar infecciones después de un trauma accidental, un edema, la anoxia, la destrucción del tejido o de las mordeduras de animales. 

Es sabido que algunas especies de aves carroñeras poseen anticuerpos frente a la toxina botulínica, siendo posible que los buitres sean anfitriones pasivos capaces de tolerar las diferentes toxinas que liberan las células por dicho motivo. O también, puede que hayan establecido una relación de mutualismo, por la cual la bacteria recibe del buitre la ingesta de materia rica en proteínas, mientras que los buitres obtienen los nutrientes que le proporciona la degradación de dicha materia.  


Manuel Martínez Osorio, biólogo.