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lunes, 25 de julio de 2011

JUZCAR O PITUFILANDIA

Ir a ver pitufos a Pitufilandia, una escusa como otra cualquiera para dar un paseo por los pueblos de la provincia, aprovechando que hacia un mal día de playa y en el campo se estaba más fresquito que en la costa para mi sorpresa.
A primera vista resulta sorprendente ver el pueblo entero pintado de azul en medio del paisaje, pero cuando llegas, da la impresión de que el evento sobrepasa al pueblo.
Pintado está, pero tiene algunas calles enteras levantadas porque están poniendo el pavimento.
 Mejor ir comido, tiene tres sitios para comer y al parecer tienen poca variedad y cantidad, tampoco es típica del lugar ya que hablamos de hamburguesas, salchichas, patatas, huevos y poco más.
 Estuvimos en el “Bar Chiquito”, ahora, La Cueva de “Gargame”, (se podía haber quedado solo en cueva), y dado de lo reducido de la carta, nos tuvimos que apañar con huevo y patatas, de todas formas, aunque eran las 14,30, no quedaba gran cosa. Eso sí, todo esto  después de esperar 56 minutos. Tengo que decir que la factura fue bastante barata, aunque me tuve que dejar dos filetitos enteros para que los arqueólogos los pudieran datar con el carbono 14.
La gente se paraba en el bar, se asomaban a la puerta y solo veían la “cueva”, entonces preguntaban dónde estaba Gargamel, a lo que la señora del establecimiento contestaba,” se lo decimos al abuelo, se pone el traje y sale para que se hagan una foto con ustedes”. El abuelo, serio y callado, colaboraba en la limpieza de las mesas con una sola mano, ya que tenía el otro brazo en cabestrillo, en honor a la verdad, el hombre tiene un parecido razonable con el personaje en cuestión. De película de Berlanga vamos.
Ni el cementerio ni le iglesia se han librado. Me parece bien, que los muertos y los curas colaboren si es un bien general para el pueblo. Eso sí, el cementerio solo por fuera, al igual que la iglesia. A las puertas del templo han habilitado una placita cubierta y difusores de agua, en la que han instalado un mercadillo en que te encuentras lo típico en estos casos, amenizado todo con música infantil.
Lo de la pintada del pueblo de azul, sorprendente. Respecto al tema de los pitufos, a mí parecer bastante cutre.
 No está el pueblo preparado mínimamente para recibir visitas turísticas y eso que hay un hotel y alojamientos rurales que a primera vista tienen buena pinta. En fin, es un querer y no poder.
¿Mereció la pena? A mi si, La Sierra de Las Nieves y El Valle del Genal son lugares maravillosos, aunque no haya pitufos.
 ¿Merece la pena visitar Juzcar?, por supuesto, aunque no haya pitufos, las casas sean blancas, como  de toda la vida han sido los pueblos andaluces y te tengas que llevar un bocata, o comer en cualquier venta antes de llegar.
 Y no solo este pueblo, sino los de los alrededores, Alpandeire, Faraján y Juzcar son poblaciones que están lejos de cualquier parte y no parecen muy contaminadas por la civilización.
Quizás esto haya sido la causa y se hayan  visto obligados a hacer este esperpento “pitufil”, intentar atraer que la gente como sea y hacer caja.
Visitemos nuestros pueblos más a menudo para que no tengan que llegar a estos extremos, ¿qué será lo próximo, un pueblo negro para una historia de terror gótica?... Es broma… mejor no dar ideas.