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martes, 3 de enero de 2012

ANTIGUA AZUCARERA EL TARAJAL

El domingo, día uno de enero, por fin  mi marido consiguió  hacer una visita que tenía proyectada  desde hacía tiempo a la antigua “Azucarera del Tarajal” y hacerle un pequeño reportaje fotográfico,  yo como en otras muchas de sus excursiones lo acompañé. La fortuna se puso de nuestra parte, y cuando ya desistíamos de la idea de entrar al amurallado recinto, vino la persona adecuada, que sin ninguna traba nos abrió la entrada.
 Fue inaugurada en 1930 como azucarera “Nuestra Señora de la Victoria” por la familia Larios, en un momento en el que la ciudad de Málaga (que en el siglo XIX había sido la segunda provincia más industrial de España, detrás de Barcelona), estaba en pleno proceso de desindustrialización.  Sin embargo he sabido después que muchos malagueños no la conocen como tal, sino como “La Corchera”, ya que a partir de 1946 se convirtió en fábrica de corcho, y años más tarde, en mitad de los sesentas en depósito de trigo.
Está construida en ladrillos vistos y con planta en forma de H. Las fachadas están rematadas con frontones triangulares y los vanos son de medio punto que le confiere un aspecto clasicista. El conjunto lo completan una chimenea de 90m de altura y un depósito de agua de hormigón. Todo ello, actualmente, en estado de ruina total y con una alfombra, de varios centímetros, de estiércol.
Cuando aquel magnífico conjunto arquitectónico perdió la utilidad para sus dueños o las instituciones hace años, fue tomado por toda clase de animales, ya que hubo ovejas que pastaban en el lugar, y personas que aprovecharon sus edificios para cobijarse, haciendo hogueras, pintadas y arrancando los azulejos y distintos materiales de las paredes, que según los restos que se veían me hacían intuir el aspecto suntuoso de su interior. A pesar del destrozo sigue manteniendo un gran atractivo.
Al parecer el PGOU (Plan General de Organización Urbana)  otorga a “la corchera” una protección arquitectónica II, lo que quizás esté calmando  las ansias urbanísticas de algunos políticos, ya que el edificio está considerado uno de los de mayor relevancia arquitectónica del pasado  industrial de la ciudad. Sin embargo, fue la llave de un particular, que no parecía ser el dueño, la que abrió el candado de la cerca que actualmente cierra el recinto. Me dio la impresión de que esta persona hace uso de los pastos que rodean el conjunto de edificios, para unos 20 caballos que por allí campean, sin dar ningún valor a todo lo que representa.
Viendo a Manolo hacer las fotos, sabía que después recuperaría mucho de los detalles que me iba perdiendo con mi inquietante ir y venir de un rincón a otro. No estaba equivocada. Juzgad vosotros.